😲 Humillaban a Olivia, pensando que era una simple recluta… hasta que un coronel descubrió el emblema oculto bajo su camisa rasgada.
Olivia había llegado cuatro días antes a aquel centro de entrenamiento, vestida con ropa corriente y sin ningún rango visible. Hacía muchas preguntas sobre unos expedientes logísticos desaparecidos. Nadie sabía quién era en realidad.
Tres cargamentos habían desaparecido misteriosamente en seis semanas. Olivia investigaba discretamente, comía con los reclutas y lo observaba todo.
Aquella mañana, Pierce había decidido humillarla delante de todos. Le vertió un vaso de zumo sobre la cabeza, luego la agarró del pelo y le rasgó la parte trasera de la camisa mientras los demás reclutas se reían.
Pero las risas cesaron cuando el coronel vio el emblema negro en su espalda.
Palideció y miró instintivamente al sargento Harlan, que estaba junto a la salida.
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El coronel dio un paso adelante, con el rostro lívido.
—¡Retrocedan inmediatamente\! —ordenó con una voz que hizo temblar todo el patio.
Pierce soltó el pelo de Olivia. Su sonrisa desapareció cuando vio al coronel ponerse firme en posición de saludo militar frente a la recluta que acababa de humillar.
—Comandante, le ruego que acepte mis disculpas —murmuró el coronel.
Un silencio gélido se apoderó del centro de entrenamiento.
—¿Comandante? —repitió Pierce, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.
Olivia recogió su camisa rasgada y se dio la vuelta. El emblema negro tatuado entre sus omóplatos representaba un águila con las alas extendidas, símbolo de una unidad militar secreta encargada de las investigaciones más delicadas.
No era una simple soldado.
Era la teniente coronel Olivia Moreau, directora de una unidad especial de inteligencia militar. Había sido enviada de incógnito para descubrir quién estaba desviando los cargamentos destinados al Ejército.
Su identidad no aparecía en ningún registro accesible para los oficiales ordinarios. Solo unos pocos altos mandos conocían su verdadera función.
Olivia miró fijamente a Pierce.
—Ha pasado cuatro días humillando a los reclutas, sargento. Mientras tanto, yo he descubierto que alguien estaba falsificando los registros de entrega.
Después giró lentamente la cabeza hacia el sargento Harlan, que seguía junto a la salida.
—Y usted, sargento, ¿por qué parece tan preocupado?
Harlan intentó responder, pero no consiguió pronunciar una sola palabra.
Entonces Olivia sacó un pequeño dispositivo de grabación de su bolsillo.
—Anoche llamó a un intermediario para organizar la salida del cuarto cargamento. Grabamos su conversación.
El coronel hizo una señal a los dos militares encargados de la seguridad.
Harlan retrocedió bruscamente, pero las puertas ya estaban cerradas con llave.
Pierce, temblando, bajó la mirada.
—No sabía quién era usted…
Olivia se acercó a él.
—Ese fue su error. Creía que el respeto dependía del rango que alguien llevara en el hombro.
Se volvió hacia los reclutas.
—En este Ejército, nadie debería necesitar un emblema secreto para merecer dignidad.
Unos minutos después, Harlan fue arrestado y Pierce fue suspendido de sus funciones.
Olivia volvió a colocarse la camisa sobre los hombros y añadió fríamente:
—Ahora descubriremos quién está en la cima de esta red.
Porque Harlan no era más que un ejecutor…
Y el verdadero cerebro detrás de todo también llevaba uniforme.
