😯 “Siempre estoy cerca de ti y te quiero — Mamá.” Alguien había puesto esta nota en la lonchera de mi hijo. Cuando llamé a la escuela, la directora me dijo: “¡Venga, tiene que ver esto por sí mismo!”
Hace dos días, mi hijo de siete años llegó de la escuela muy contento. Corrió hacia mí, me abrazó fuerte y me dijo:
“Mamá, ¡me encantó tu notita!”
“¿Qué nota, cariño?” le pregunté.
“La que dejaste en mi lonchera.”
Me sorprendí, porque yo no había escrito nada. “¿La guardaste? ¿Puedes mostrármela?”
Sacó un pequeño papel de su bolsillo y me lo entregó, con los ojos llenos de alegría.
Lo abrí y leí: “Siempre estoy cerca de ti. Te quiero. — Mamá.”
Honestamente, me dio un poco de miedo. Alguien había abierto su lonchera sin que él se diera cuenta.
Muy preocupada, llamé a la escuela. La directora me dijo que se encargaría de ello. Unas horas más tarde me llamó de nuevo diciendo: “¡Venga a la escuela, tiene que ver esto por sí mismo!”
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Al revisar las grabaciones de la escuela, la verdad nos conmovió profundamente.
Se veía a un alumno mayor deslizando discretamente pequeños mensajes en las loncheras.
Su gesto escondía una historia conmovedora: había perdido a su madre el año anterior.
Todos los días ella le escribía palabras de aliento, y desde su fallecimiento, este ritual le hacía mucha falta.
Así que decidió brindar a otros niños el consuelo que él ya no tenía.
En total, doce alumnos recibieron estos mensajes amables.
La escuela pensó en castigarlo por tocar las pertenencias de otros, pero yo me opuse.
El niño no había hecho daño a nadie; había sembrado bondad.
Mi hijo volvió a casa feliz gracias a él.
Al final, en lugar de un castigo, fue nombrado “Embajador de los Mensajes del Almuerzo”, con la aprobación de la escuela.

